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Tribunal Constitucional: ¿es la tercera cámara?

Escrito en conjunto con Jorge Fábrega y Sammy Drobny. Publicado en CIPER Chile el 18 de agosto de 2017

¿Es un tribunal político o jurídico? La misma polémica se repite tras cada proceso legislativo que culmina en el Tribunal Constitucional. Esta vez el foco de atención es la discusión sobre la ley de interrupción del embarazo en tres causales. Sin datos se torna imposible dirimir esa controversia. Como se trata de una pregunta relevante, desde hace algún tiempo hemos estado analizando las votaciones de los ministros del Tribunal Constitucional desde su creación hasta la actualidad.

La pregunta es interesante porque hay buenas razones para pensar que el Tribunal Constitucional chileno es una pieza necesaria del entramado institucional, y también hay buenas razones para sugerir que cumple roles legislativos que no deberían ser de su competencia.

Primero, sobre su funcionalidad, cabe señalar que los mecanismos de control que revisan la constitucionalidad de las leyes aprobadas por el parlamento -que por su forma de elección debiera representar la voluntad de la mayoría-, no son privativos de Chile. Al contrario,  organismos con el rol de velar por la constitucionalidad de las leyes son parte constitutiva de la estructura institucional en democracias desarrolladas.

Por ejemplo, en España existe un tribunal de similares caracterìsticas al chileno donde el Congreso nombra a ocho de sus miembros, el Ejecutivo a dos y las Cortes a dos más. En Estados Unidos, ese rol de control constitucional es delegado a la Corte Suprema, cuyos miembros son nombrados por el Presidente, pero con aprobación del Senado. En Francia, se ocupa un mecanismo sui generis, donde además de los tres miembros nombrados por la Asamblea Nacional, tres por el Senado y los tres del Ejecutivo, se suman todos los ex presidentes que deseen asistir a las sesiones.

Segundo, respecto a su eventual rol legislativo, los críticos del Tribunal Constitucional sostienen que éste cumple fundamentalmente un rol político y actúa como una tercera cámara legislativa que, bajo la excusa de revisar la constitucionalidad de las leyes, simplemente refleja las posiciones políticas de sus miembros. En base a ese juicio, la legitimidad del Tribunal Constitucional ha sido cuestionada debido a que sus miembros no han sido elegidos democráticamente y, por ende, no deberían legislar.

Dichas críticas al rol que cumple el Tribunal Constitucional se fueron acumulando a través de los años desde el retorno de la democracia, e impulsaron en 2005 una reforma a los modos de nombramiento de sus miembros, para darle más independencia y legitimidad. Se estableció una nueva fórmula de nominación: cuatro ministros del Tribunal son nombrados por el Congreso, tres por el Presidente y tres por la Corte Suprema. Además, se estableció que los ministros permanecerían en sus cargos por nueve años sin posibilidad de ser renovados y se les aseguró su exclusividad. No obstante, pese a esas reformas, la polémica está lejos de desvanecerse.

Por lo tanto, cabe preguntarse qué evidencia existe sobre la forma en que el Tribunal Constitucional lleva a cabo su rol y qué datos son consistentes con que el tribunal actúe como una tercera cámara legislativa. Una fuente natural para buscar respuestas es el análisis de las votaciones. Eso hicimos.

La intuición que nos guía es simple: Los ministros nombrados por el Congreso y los elegidos por la Corte Suprema deberían tener patrones de votación diferentes a los observados en aquellos ministros nombrados por el Ejecutivo. En particular, ya que para ser nombrado por el Congreso un candidato al Tribunal Constitucional debe concitar amplios consensos, quienes entran por esa vía al tribunal debieran tener posiciones más moderadas que los nombrados directamente por el Poder Ejecutivo.

Lo mismo debería suceder con los ministros nombrados por la Corte Suprema respecto de los ministros nombrados por el Ejecutivo, aunque por distintas razones: los ministros nombrados por la Corte Suprema deberían adoptar posiciones con un mayor componente jurídico que político dado su origen y, por ende, en algunos casos aparecerán votando de forma similar a los de un color político conocido, pero en otros casos votando de forma similar a los del color político opuesto.

Es decir, si de alguna manera pudiéramos ubicar en una dimensión a los ministros del Tribunal Constitucional, las posturas de los ministros nombrados por el Ejecutivo deberían estar en los extremos, porque representan posiciones claramente antagónicas. Pero la de los ministros nombrados por la Corte Suprema y el Congreso deberían estar entre medio de ellos. ¿Es así?

Para responder esta pregunta lo que hicimos fue registrar todas las sentencias del tribunal desde el año 2010 al 2016 y estimar las preferencias latentes de los ministros del tribunal. Es decir, observando sus patrones de votación inferimos qué posturas ideológicas serían consistentes con esos comportamientos. Usando una técnica denominada Expected Maximization IRT (Imai, Lo y Olmsted 2016 [1]) pudimos estimar las posiciones ideológicas consistentes con sus patrones de votación.

El gráfico 1 resume el resultado. Allí ubicamos a cada ministro en un espacio unidimensional, que puede asemejarse a un eje liberal/conservador, en donde un número más pequeño representa una postura más conservadora y uno más grande una postura más liberal.

GRAFICO1

Gráfico 1: Estimación de las posiciones ideológicas promedio del Tribunal Constitucional, 2010-2016  (a mayor valor, más liberal la posición ideológica estimada)

Como puede verse en el gráfico 1, cada círculo representa la posición ideológica promedio estimada para cada uno de los actuales ministros y el color de cada punto indica el mecanismo de su nombramiento descrito en las leyendas a la derecha del gráfico. La tendencia es clara. Quienes han sido nominados por el Poder Ejecutivo son quienes ocupan las posiciones más extremas (Carmona, Brahm, Aróstica). En posiciones relativamente más centrales, están los nombrados por el Congreso (García, Romero, Pozo, Letelier); y en posiciones aún más centrales, los nombrados por la Corte Suprema (Vázquez, Hernández y Peña). El caso de Marisol Peña es interesante, ya que a pesar de tener un promedio más liberal que sus colegas nombrados por la Corte Suprema, su nivel de variabilidad (mostrado por la línea que atraviesa el punto) es muy alto. Esto sugiere que se comporta con bastante más libertad que el resto de los ministros.

¿Qué significa este resultado? Los datos sugieren que la reforma del 2005 logró el objetivo deseado de reducir el carácter político de sus miembros. Si antes la crítica era que los ministros siempre operaban como caja de resonancia de las coaliciones políticas que representaban, ahora vemos un poco más de variación y moderación, sobretodo entre quienes son elegidos por la Corte Suprema.

Sin perjuicio de eso, los datos muestran que los patrones de votación de los ministros designados por el Poder Ejecutivo y el Congreso siguen teniendo un componente ideológico. En resumen, sí hay indicios para pensar que el Tribunal Constitucional opera de forma política y no simplemente como órgano jurisdiccional, pero el peso relativo de ese componente político se habría reducido tras la reforma del 2005.

Por otro lado, la técnica de estimación permite evaluar cómo las posturas de los ministros evolucionan en el tiempo. Los datos son bien sugerentes. El gráfico 2 presenta la evolución promedio de las posiciones ideológicas estimadas para el conjunto de los actuales ministros del tribunal (línea naranja) en el período en que todos han estado presentes (recuérdese que no todos son nombrados al mismo tiempo). Junto al promedio, es importante mostrar la varianza alrededor de nuestras estimaciones, ya que es una señal de la convergencia o divergencia de los ministros en el tiempo. Por eso, el gráfico muestra dos líneas que representan una banda desde una desviación estándar sobre el promedio (línea gris) y una desviación estándar bajo el promedio (línea celeste). Mientras más cerca están las líneas gris y celeste, más convergencia vemos entre los ministros.  Recuérdese también que un valor más alto representa una postura relativamente más liberal y uno más bajo una postura relativamente más conservadora.

GRAFICO2

Gráfico 2: Evolución de las posiciones ideológicas del actual Tribunal Constitucional 2014-2016 (a mayor valor, más liberal la posición ideológica estimada)

Como muestra el gráfico 2, desde el año 2014 a la fecha existe una mayor convergencia en la posiciones de los actuales ministros hacia posturas relativamente más liberales. Ello acontece incluso entre aquellos ministros relativamente más conservadores y/o que fueron nombrados por el gobierno de Sebastián Piñera (como Juan José Romero, Iván Aróstica y María Luisa Brahm).

En tal sentido, proyectos como el del aborto en tres causales, llegan hoy ante el Tribunal Constitucional en un período donde la probabilidad que se rechace el requerimiento de inconstitucionalidad es mayor. ¿Será este giro hacia posiciones relativamente más liberales suficiente como para que el proyecto avance a la etapa de promulgación?

Incluso, si hubiese un empate a cinco votos, el voto del presidente del tribunal es el que dirime y el actual presidente es Carlos Carmona, quien en el gráfico 1 es el miembro del Tribunal Constitucional que se ubica en el extremo más liberal. Por lo tanto, las condiciones parecen dadas para que el proyecto avance ¿Será así? Muy pronto lo sabremos.

Referencias:

[1] Imai, Lo y Olmsted (2016): “Fast Estimation of Ideal Points with Massive Data”. American Political Science Review, Vol. 110, No. 4: 631-656.

Oferta de Trabajo: Asistente de Investigación para estudio legislativo en Chile

Estoy buscando un/a asistente de investigación para un proyecto de investigación sobre candidatos parlamentarios en Chile. Les ruego difundir este llamado.

Requisitos mínimos:

  • Título o Licenciatura Universitaria (ver detalle abajo)
  • Experiencia en manejo de datos, análisis estadístico y uso de R y/o Stata (con la disposición a aprender R)
  • Ingles intermedio
  • No se requiere experiencia mínima, pero sí disposición a aprender
  • Interés por temas políticos y de investigación académica
  • Habilidades interpersonales, particularmente motivación, autonomía y trabajo en equipo

 Requisitos Deseables (pero no mínimos):

  • Experiencia en aplicación y diseño de encuestas
  • Inglés avanzado
  • Familiaridad con la literatura académica sobre el estudio de candidatos/as y otros activistas políticos

Duración: 15 meses, con posibilidad de extensión

Disponibilidad: Desde el 1 de julio de 2017

Sueldo sugerido: Entre $400.000 y $700.000 líquidos dependiendo de experiencia. Primeros tres meses a prueba (a honorarios) y luego con contrato de trabajo a plazo definido.

 Descripción

Azerta busca contratar a un asistente de investigación a tiempo completo para contribuir a un proyecto de investigación académica en torno a las elecciones 2017, llamado “Candidaturas Chile”. Como parte de una red internacional, el Comparative Candidate Survey (CCS), un grupo de investigadores de Newcastle University (UK), la Universidad Andrés Bello y Azerta estarán realizando una serie de estudios sobre candidatos al Congreso en Chile. El equipo es liderado por Javier Sajuria, PhD y académico de Newcastle University, quién supervisará directamente el trabajo del/la asistente de investigación. La profesora Stephanie Alenda (UNAB) será la co-investigadora del proyecto.

Quién ocupe el cargo participará, inicialmente, de la recolección de datos públicos de los candidatos y candidatas al Congreso. En una fase posterior, el/la asistente de investigación participará de la aplicación de una encuesta a todos los candidatos y candidatas que participen de la elección de noviembre, siguiendo los lineamientos del CCS. Además, se espera que el/la asistente participe en el análisis de los datos a nivel nacional y comparativo, y en la preparación de publicaciones académicas e informes de prensa. La posición es ideal para personas con experiencia en manejo de datos cuantitativos (idealmente encuestas) y con conocimiento medio o avanzado de software estadístico como R y Stata. Es requisito esencial tener un título o licenciatura universitaria, preferentemente en Ciencia Política, Sociología, Economía o alguna disciplina afín. Asimismo, por la naturaleza internacional del proyecto, es deseable que la persona a contratar tenga buen nivel de inglés oral y escrito.

El/la asistente de investigación participará en el proyecto en conjunto con los investigadores de las instituciones asociadas y tendrá como responsabilidad llevar a cabo gran parte de la construcción de una base de datos de candidaturas al Congreso antes de la elección de noviembre 2017 y colaborar en la aplicación de la encuesta de manera posterior a la elección. Ambos procesos – recolección de datos públicos y encuesta – permitirán reunir información demográfica, socioeconómica, de experiencia política, posiciones políticas e ideológicas y de metodologías de campaña. Durante los primeros 6 meses del proyecto, el foco se concentrará en la recolección y análisis de datos públicos, mientras que los siguientes 6 meses estarán dedicados a la encuesta. Este proyecto se enmarca en una iniciativa internacional para el estudio de candidatos y élites políticas, por lo que el/la asistente tendrá la posibilidad de colaborar en publicaciones académicas y otras actividades con investigadores localizados en otros países. Asimismo, es posible que el/la asistente participe como autor/a o co-autor/a en investigaciones académicas.

Principales actividades y responsabilidades

  1. Participar como un miembro más del equipo de investigación bajo la conducción de los investigadores senior
  2. Participar de forma activa del levantamiento de datos de candidaturas al Congreso en 2017 y en todas las etapas (diseño, aplicación, recolección y análisis) de la encuesta de candidatos post-elección
  3. Resguardar la protección legal de datos personales de candidatos/as (cuando no sean de conocimiento público) y observar buenas prácticas de manejo y uso de datos personales
  4. Llevar a cabo, de forma independiente y guiada, análisis detallados de los datos recolectados usando métodos estadísticos descriptivos y avanzados
  5. Preparar informes para publicación en colaboración con los otros miembros del equipo, y diseminar los resultados en foros, conferencias u otras instancias
  6. Colaborar en la preparación de las bases de datos para el depósito en repositorios externos y la liberación de datos al final del proyecto
  7. Colaborar con el equipo en tareas administrativas y preparación de eventos relacionados al proyecto

Proceso de postulación

Para postular se requiere el envío de los siguientes documentos antes del 15 de junio de 2017 a imackinnon@azerta.cl. Pueden realizar consultas informales antes de postular a Javier Sajuria (javier.sajuria@ncl.ac.uk) o Ian Mackinnon (imackinnon@azerta.cl).

  1. CV (sin foto) de no más de 3 páginas en que se detalle la experiencia académica y laboral del/la postulante
  2. Carta de motivación de dos carillas en la que se describa como el/la postulante cumple con los requisitos del cargo
  3. Nombre de dos recomendadores, al menos uno debe ser del ámbito académico

¿Y quién es él? Estimación de ideología y posición política de A. Guillier

Escrito en conjunto con Jorge Fabrega y Alvaro Graves. El texto apareció originalmente publicado en Revista Qué Pasa

Alejandro Guillier, senador independiente por cupo del Partido Radical, es el primer candidato presidencial proclamado dentro de la Nueva Mayoría. Dado que poco sabemos de sus convicciones y posturas, ¿qué podemos aprender sobre él a partir de sus acciones? Su aprobación está subiendo cada día más y, según las encuestas, aparece como la mejor carta de la centroizquierda para enfrentar a Piñera en las presidenciales de este año. Su popularidad es tal, que le lleva buena ventaja a otros nombres del sector que tienen mucho más recorrido, como Ricardo Lagos y José Miguel Insulza.

Según los analistas, la ventaja de Guillier tiene que ver con su supuesto apoliticismo. Habiendo ejercido como periodista durante toda su carrera, el senador siempre se mostró como un hombre opinante, cuestionador de quienes ostentan el poder y con buena oratoria. Fue rostro de noticias y su confianza pública lo puso al tope de la tabla de los periodistas mejor evaluados. Por eso fue contratado por las isapres para que fuera el rostro de una serie de campañas, algo por lo que ha sido altamente cuestionado. Cuando llegó al Congreso, logró mantener presencia sin necesidad de tomar posiciones. Tanto es así, que una de las primeras veces que el senador dio que hablar en el Parlamento no fue producto de sus posturas políticas sino debido a que, como él lo expresara, le “habían pasado un gol” en la votación del proyecto de ley que sancionaba las filtraciones en investigaciones judiciales.

En un contexto de descrédito general de la clase política, Guillier se alza como un candidato atractivo por parecer poco político, al igual que Bachelet en 2005. No obstante, ese supuesto apoliticismo que muchos le aplauden es, al mismo tiempo, el principal problema para el ahora candidato, quien no podrá permitirse esa indefinición por mucho tiempo.

Podemos esperar a que pase el tiempo para ir conociendo las convicciones políticas del candidato Guillier o podemos hacer algo mejor: deducirlas de su comportamiento como senador. Si analizamos sus votaciones podemos saber qué tan cerca o lejos se encuentra de otros senadores cuyos domicilios políticos son conocidos. Eso hicimos. Tomamos el registro total de las votaciones en el Senado desde que Guillier es senador (2014-2016) y estimamos la posición ideológica de cada uno de sus miembros. Para ello, usamos una técnica de estimación llamada DW-No-Minate, muy utilizada en ciencia política. Con ella, por ejemplo, se ha podido determinar que la política norteamericana se ha ido polarizando de forma constante desde los 80, lo que ha permitido poner en perspectiva las tensiones que se han estado produciendo con el advenimiento de la era Trump. Sólo para ilustrar con otro ejemplo, en 2015, Keith Poole (uno de los creadores del método) anticipó correctamente que Paul Ryan reemplazaría a John Boehner como speaker de la Cámara Baja norteamericana cuando Boehner sorprendió a todos anunciando su renuncia. Aunque la aplicación del método es compleja, su intuición es muy simple: sin necesidad de conocer de antemano qué piensa un parlamentario, se puede decir que sus votos en cada proyecto de ley deberían reflejar sus posturas políticas; de modo tal que quienes recurrentemente votan parecido tienen posiciones políticas parecidas entre sí y quienes recurrentemente votan por alternativas opuestas deberían ser adversarios políticos. Con esta simple idea, lo que hace el método es buscar el ordenamiento de las posiciones políticas latentes que mejor resumiría esas similitudes y diferencias en las votaciones de los parlamentarios. Con esta técnica podemos saber cómo se ubica Guillier en un espectro de izquierda a derecha en comparación con sus pares, podemos identificar sus potenciales aliados y visualizar hacia dónde debe mirar si es que desea concitar más apoyos. Todo ello sin la necesidad de saber de antemano si su visión ideológica es de derecha, centro o izquierda.

Luego de estimar vía DW-Nominate las posiciones ideológicas de cada senador, notamos un fenómeno interesante. Los senadores se distribuyen en un continuo que va desde Alejandro Navarro por la izquierda y Juan Antonio Coloma por la derecha. En ese plano, el senador Guillier pareciera ubicarse en un punto estratégico dentro de la Nueva Mayoría. La posición que se estimó a partir de sus votaciones en el Senado nos permite posicionarlo casi en el punto medio de su coalición. No está ni muy a la derecha del PS ni muy a la izquierda de la DC. De hecho, su posición es indistinguible de la de la presidenta de la falange, Carolina Goic. Según esto, Guillier aparecería como el niño símbolo de la coalición con el potencial de convertirse en un forjador de acuerdos, que se encuentra en una posición privilegiada para movilizar a todas las facciones de un acuerdo cada vez más tensionado. Según este análisis, Guillier no sólo podría capturar el voto electoral, sino que además darle continuidad a su sector. Ahora bien, el gráfico nos entrega luces sobre el dilema que enfrenta la Democracia Cristiana por estos días: si su eventual candidata está en una posición política dentro de la coalición similar a la de Guillier ¿podría disputarle la candidatura dentro de la Nueva Mayoría?

No obstante, la política no se juega sólo en una dimensión. Los académicos y analistas llevan años debatiendo cuántas dimensiones ideológicas se encuentran presentes en política, pero la evidencia internacional indica que el grueso de las diferencias políticas puede ser reducido en un máximo de dos dimensiones (Poole y Rosenthal, 1997). De hecho, hicimos el ejercicio de calcular una tercera dimensión y obtuvimos que esta estaba altamente correlacionada con la primera. La ciencia política ha interpretado el segundo eje como representativo de una tensión entre alternativos vs. tradicionales o entre libertarios y autoritario-nacionalistas. Es decir, en un lado están los que se sienten cómodos con procesos más horizontales de participación política o que buscan caminos políticos alternativos, y en el otro están quienes valoran el orden, las tradiciones o el statu quo.

Al reordenar los senadores usando dos dimensiones, nos encontramos con un Guillier mucho más tensionado dentro de su coalición. En el eje izquierda-derecha, sigue estando al centro de la NM en la escala tradicional de izquierda a derecha. Pero lo interesante ocurre en la segunda dimensión. A partir de sus votaciones en el Congreso, Guillier aparece lejos del conjunto de senadores de su coalición, y sólo superado por Navarro (quien renunció a la NM en 2016). Más importante aún, Guillier aparece más cerca de senadores como Horvath o Bianchi y en las antípodas de los senadores DC. Una posible explicación tiene que ver con que la segunda dimensión también captura el rol de la descentralización y la redistribución de poder en el proceso político. Guillier aparece acompañado de sus colegas más regionalistas, lo que no es casualidad. El senador fue un duro en la discusión sobre la elección de intendentes, movilizando los votos para lograr aprobar el proyecto.

Otra votación significativa del candidato radical fue la del reajuste en el sector público. Luego de una reñida discusión que tensionó al bloque oficialista, el porcentaje de reajuste se aprobó con la oposición de la ANEF y los gremios del sector público. Ante la dificultad de cuadrar a los votos independientes (Navarro, Horvath y Bianchi), el gobierno se vio en la necesidad de recurrir a votos de la derecha para asegurar la victoria. Guillier, de forma disciplinada, votó a favor de la propuesta del gobierno y contra la postura de los representantes de los empleados públicos.

Desde su lanzamiento de campaña, Guillier ha hecho seguidos guiños a la DC, y no es casualidad. Por una parte, sabe lo complejo que será enfrentar una primaria sin el apoyo de este partido (en caso que no lleven candidato propio). Pero, por otro lado, y como podemos ver en nuestro análisis, Guillier se encuentra bastante lejos de sus pares democratacristianos. Incluso, los más progresistas dentro de la DC, como Carolina Goic, están a una distancia considerable si los comparamos con los senadores PS o PPD. Las menciones constantes a Radomiro Tomic parecieran ser la ofrenda de paz con que Guillier busca que la DC obvie su comportamiento parlamentario de los últimos dos años.

Pero la tarea del candidato radical no termina en estrechar sus vínculos hacia los sectores más de centro de su coalición, sino que también requiere sumar entre sus aliados al Partido Comunista. El PC se ha mostrado abierto a su opción, pero también han tenido acercamientos con Lagos. La tensión en que se encuentra Guillier es compleja y se debe, en gran parte, a una posición bisagra en la que él mismo se ha puesto. Quizás, fiel a la tradición del Partido Radical de los últimos 20 años, Guillier está en un punto del espectro donde es difícil encajonarlo. Esa aparente ambivalencia es, por un lado, su principal ventaja ante los votantes, pero también su principal problema para concitar apoyos en las élites del sector.

Rules matter: why the current Labour crisis is not (only) about ideology

This piece was originally posted in the Constitution Unit’s blog

The Labour Party’s current crisis is often characterised as an ideological dispute between the Parliamentary Labour Party and a membership that is significantly more left-wing. But, as I demonstrate here, it is hard to stand this up. The ideological distance between Labour members and MPs is in fact smaller than that between Conservative members and MPs. To explain why many are now suggesting that Labour is on the verge of splitting it is necessary to look at party rules as well as ideology.

The situation within the Labour Party has been described by many as a dispute between the Parliamentary Labour Party (PLP) and the membership. The en masse resignations from the shadow cabinet, followed by a vote of no confidence from 81 per cent of MPs, shows that Jeremy Corbyn has lost the trust of his peers (or perhaps he never really managed to obtain it in the first place). Labour activists, particularly those grouped around the Corbyn-supporting Momentum, accuse the PLP of betraying the party and lining up with the right-wing. On the other hand, MPs respond by pointing out that voters, and not members, elected them and that they have a mandate to protect the party from oblivion.

Regardless of how relevant it might seem under the current situation, the ideological distance between members and party elites is not a new interest for political scientists. John May’s curvilinear disparity law explains that more active members are usually more ideologically extreme than MPs and voters. As Meg Russell states in her book Building New Labour, there is a limit to how much a leader (or in this case party elites) can steer a party’s position to the left or right. Therefore, we could expect that a widening gap between members and the MPs may result in a difficult situation for the party, or even an eventual split. With that in mind, I set out to investigate – in a very preliminary way – if this ideological gap can explain Labour’s crisis, and if not, what are the alternative theories.

To measure the ideological position of the different groups, survey instruments usually carry a question asking respondents on where they see themselves in a left to right scale. These measures take values from 0 for left to 10 for right. In order to estimate the average position of party voters, I use the British Election Study post-election face-to-face survey. For the ideological position of the MPs I use the data from Parliamentary Candidates UK’s Representative Audit of Britain project, which surveyed candidates from the last general election. The estimates for party members and supporters were obtained from the Party Members Project (PMP).

In order to assess how unusual the ideological distance between the different groups of the Labour Party is, we can compare it to what happens on the other side of the chamber. May’s law is not circumscribed to a particular ideological position, so it should apply to parties of the left and the right. The figure below shows the ideological position on the left-right scale for every group in the Labour and Conservative parties. As expected, members and activists appear as the most extreme in both parties, whereas voters tend to position themselves closer to the centre. What is striking is that the absolute distance between members and MPs seems higher in the Conservative party (0.9 points) than in the Labour Party (0.6). Not surprisingly, Tory MPs appear to be closer to their voters than Labour MPs.

Ideological positions for each group (dotted lines represent the party average across all groups)
Ideological positions for each group (dotted lines represent the party average across all groups)

We can conclude two things from this graph. The first is that May’s law seems to apply to the current situation in both major parties in the UK. The second is that reducing the current struggle in the Labour Party to an ideological distance between the members and the PLP does not stand up in the light of evidence. If anything, the distance between members and MPs should produce more problems for the Conservatives than Labour. The Tories are indeed in the middle of a difficult process for electing their new leader, but few have seriously raised the possibility of a split.

Obviously, a left to right scale might not capture other dimensions of the ideological divide. The Guardian columnist Owen Jones has argued that the big red line among Labour Party members for electing a new leader is the candidates’ position on the war in Iraq – a prominent issue with only a few days until the release of the Chilcot report – rather than who is more left-wing. However, that argument implies that most politics within Labour can be explained by a single issue, which seems unlikely.

If ideology is not enough to explain the current crisis, then what is? I offer three complementary explanations:

  1. In January, Meg Russell pointed out how Labour MPs have failed to understand their new role in the leader selection process. Following the rule changes introduced under Ed Miliband, MPs no longer have any more voting power than individual members, registered supporters and affiliated supporters. Rather, their role is similar to the one that Conservative MPs have in their leadership contents: gatekeepers. MPs are responsible for putting forward candidates that will not jeopardise the party, both electorally and organisationally. By letting Corbyn – who represents the most left-wing position amongst MPs – run for leader, they failed in their job to act as gatekeepers, and behaved as facilitators instead.
  2. The rules for selecting the leader allow for ideological polarisation by simply stating a threshold of supporting MPs (and MEPs) rather than a fixed number of candidates. Conservative Party rules require that MPs go through successive ballots until they submit only two candidates to the membership. Conversely, the Labour Party only required 35 signatures from MPs or MEPs to run for leader when there is a vacancy. This means that, theoretically, the last election could have had up to six different candidates (it had four). Instead of forcing an election between candidates who reach to all sections of the party (voters, supporters, members, and elites), the rules allowed for more polarisation which, as we see above, favoured the position of members over the rest.
  3. Finally, under the current rules, the leader of the Labour Party is not accountable to the PLP. This might seem obvious given that those voting for the leader are the members and supporters, not the MPs. However, the current situation shows how important it is that the leader is able to bring together all groups within the party. As we have seen earlier this week, not even a vote of no-confidence with over 80 per cent support can force Corbyn to resign, nor stop him from putting his name forward in the event of a challenge of his leadership. Under the current situation, is difficult to see how the Labour Party can provide a strong opposition to the government, if any at all.

The main take home point from this exercise is that the Labour crisis is not (only) ideological. Preference heterogeneity within parties is a well-documented phenomenon and the internal mechanisms should be able to cope with it. This is exactly what has been failing in the case of Labour. MPs were not able to understand their role as gatekeepers and guardians of party unity, but also the rules do not give them enough power to fix the problem. It seems that in this case, the leader of the party is willing to test how much he can steer the party to the left before breaking it.

Thanks to Professor Paul Webb for sharing the descriptive data from the Party Members Project.

The online world replicates traditional offline structures and networks of social capital.

This piece originally appeared on USAPP- American Politics and Policy.

Are new technologies changing the way in which we conceptualise and practise politics? This is the fundamental question to which we investigate in new research. In particular, we are interested in understanding how social capital is structured in online networks. Our findings show that the traditional structures we observe in offline settings, such as traditional social movements, organisations or political parties, are replicated in the online world. Moreover, supporting others’ findings from we claim that traditional behaviour continues to play a key role in the way in which social networks are structured.

We follow the traditional approach to social capital devised by Robert Putnam, understanding it as the presence of social networks that are able to mobilise resources and information, operating under norms of trust and reciprocity. Our main claim is that the connections we make online carry the strength to create meaningful social connections. These connections, in turn, can be the trigger for further political action.

Traditionally, this idea has been contested; there is a growing group of dystopian scholars that argue that information and communication technologies are damaging the way in which we connect and interact with others. In particular, we have seen the surge of theories about social isolation, lack of community sense, and individualism. Our work takes a more sceptical approach. We believe that technology is not deterministic, and that social behaviour is a deeper trend that does not completely depend on the way in which we choose to connect with others.

Our work focuses on three different cases. We use the typology devised by Bennett and Sergeberg of what they call “connective action”: organisationally-enabled (Chilean 2013 presidential election), organisationally-brokered (UK Enough Food for Everyone ‘IF’ campaign against global hunger), and crowd-enabled (Occupy movement in the US).

We rely on Twitter data from the three cases. For the Occupy case, we have access to the Occupy Research project and their datasets. For the IF campaign, we have collected data during the main periods of the campaign. In the case of the Chilean election, we focused on the period of official campaigning, i.e. one month before the election.

Measuring social capital is always a difficult task, mainly for the different conceptual distinctions that the literature makes. In our case, we borrowed the concepts from Ronald Burt and focused on two structural elements of social capital: closure and brokerage. Closure refers to how tightly connected the members of small groups or cliques are. This relates to the notion of bridging social capital or intragroup ties. Higher levels of closure are usually related to the formation of trust among the members of the group. That is, the more you know someone and the closer you get with them, the more likely are you to trust that person.

Another important determinant of closure is homophily: people are usually attracted to interact with people who share their same interests and values. This also relates with what Putnam calls the “dark side” of social capital, the creation of very tight groups that exclude non-members. Thus, connections across these highly tight groups are essential, and that is what brokerage does. Putnam calls this bridging social capital, and is related to different political outcomes, such as political stability, trust in institutions, and social inclusion.

We calculate the network metrics for closure (clustering coefficient) and brokerage (network constraint) for each network per week. We observe the evolution of these trends over time, and analyse their relationship. In a healthy social environment, closure and brokerage should not work against the other, and that is exactly what we observe in the online cases.

The next step was comparing these networks with different theoretical models that are aimed to explain social networks. We use the Erdos-Renyi algorithm to simulate random networks as a baseline test. Then we expand the analysis by simulating networks using the Barabasi-Albert, and the Watts-Strogatz algorithms, as shown in Figure 1.

Figure 1 – Network constraints across campaigns

Sajuria Fig 1

The most striking result concerns the Occupy case. According to Bennett and Sergerberg, technology can replace the role of organisations in allowing collective action to take place. Given the low transaction costs, enforcement against free riding was less relevant and, then, people could create similar forms of collective action without the need for organisations. However, our results from the Occupy case paint a different picture.

Given that Occupy is a case without the presence of formal organisations, we expected to observe this new form of social structures reflected in the networks. However, what we observe is a network with very closed small groups, but few connections among them. Conversely, in the cases where organisations do play a significant role (the IF campaign and the Chilean election), we observe higher and significant levels of bridging social capital. Figure 1 shows the levels of network constraint for each network over time. This is the metric developed by Burt, and measures how constrained a member of the network is in connecting with others. Put simply, the lower the constraint of a person, the higher the ability they have to broker social resources across the network.

In Figure 1, the observed values are compared to the theoretical simulations. In the case of the IF campaign and the Chilean election, the observed values present significantly higher levels of brokerage than the random networks (Erdos-Renyi), while the Occupy case shows lower levels of brokerage in comparison to any of the simulations. This is evidence that, at the structural level, crowd-enabled connections are not able to fulfill the same role as formal organisations.

Our research shows a new picture, perhaps more balanced, of the role of new technologies in social life. We do not believe that social media is damaging social capital, but we argue that, at least from an structural point of view, behaviour transcends the distinction between online and offline platforms.

The main limitation of our research is evident: we are not observing the content of communications across Twitter, but only their structure. This might lead to some measurement error in the way in which we approach the questions of social capital, but we also believe that the structural signatures of social capital are consequential to its content features.

This article is based on the paper ‘Tweeting Alone? An Analysis of Bridging and Bonding Social Capital in Online Networks’ in American Politics Research, co-authored with Jennifer vanHeerde-Hudson, David Hudson, Niheer Dasandi and Yannis Theocharis.

One should always play fairly when one has the winning cards: electoral viability and Twitter sentiment

With Jorge Fábrega, we we are currently working in a really interesting project to understand how public opinion surveys can be related to social media discussions. In a nutshell, we are interested in comparing public opinion data to what we can observe from Twitter. As a first step, we have prepared a draft chapter for an edited volume on digital methods for the social sciences, currently under review. The paper is still in a very early draft version, but I just wanted to share some of the early results.

The argument goes as follows. There is a great deal of research trying to use social media data (mainly Twitter) to forecast elections, and some research on how to compare Twitter to candidate’s support on opinion polls. In the case of the former, most attempts have failed, while on the latter,  Nick Beauchamp has managed to produce some interesting results. Our approach is slightly different: instead of looking at candidate support, we focus on support for certain policies. And instead of trying to predict support, we take one step back and think on other ways to relate both elements.

What came to our minds as a useful starting approach was to look at the sentiment on Twitter and how it relates to candidate support. We had two initial hypotheses:

  1. Supporters of candidates with higher electoral viability tend to tweet with a more positive tone overall.
  2. There is a correspondence between support for a policy and the tone used to tweet.

We used Chile as our case, and had two data sources: The CEP survey from October 2013, and Twitter data we collected previous to Chile’s presidential election last year.

Chile’s last election was quite competitive in terms of the number of candidates, but not in the vote share. President Bachelet had to go to a run-off election (something expectable with 9 candidates) against Evelyn Matthei, but she managed to get 62% of the votes on that round. A record share in the country’s recent history. In terms of electoral viability, 78% of the respondents of the CEP survey (2 months before the election) believed that Bachelet would win the presidency, with only 5% of people thinking that Matthei could get the job.

With that in mind, we processed our Twitter data to estimate two things: the political position of Twitter users in Chile, and the tone in which they tweet about 5 controversial topics:

  1. the possibility of constitutional reform through an assembly;
  2. a change in the current electoral system;
  3. the approval of an equal marriage law;
  4. abortion; and
  5. the ownership of the copper mines (they used to belong to the State).

To estimate the political position, we used retweet networks. In simple words, we setup an initial group of Twitter users with known preference for a candidates, and then performed some social network analysis of those who retweeted them. From there, we could move on to assign a probability for each user to support one of the candidates. We focused only on the four main candidates (Bachelet, Matthei, Enríquez-Ominami and Parisi), since they were the ones that generated more attention during the campaign.

To estimate the tone, we translated the lexicon from Wilson et al. and crafted our own version of the sentiment R package (used for sentiment analysis, of course). Each tweet was deconstructed into single words, which were then compared to the lexicon. Each word in the lexicon had assigned a polarity (positive or negative), and whenever there was a match between the words from the tweets and the lexicon, we assigned that polarity to the word. Then, the package uses the voter algorithm to determine that, given the number of matches, that tweet was itself positive or negative.

We first calculated the effect of candidate support on support for the policies mentioned above. our results (shown in the figure below) show that most respondents who supported one of the four candidates, in comparison to those who supported another or none, also support the policies. This was statistically significant for all the cases with a * in the figure.

Table_twt_cep

 

In the case of Twitter, since our sampling was not probabilistic, we were more concerned about the direction of the relationship rather than the significance. Our dependent variable was the likelihood of a tweet having a positive tone. The results can be seen in the figure, and the most surprising feature is the decrease in probability for a positive tone when talking about equal marriage.

As we expected, supporters of Bachelet had a higher tendency to tweet with a positive tone, overall. Also, whenever there is a statistically significant relationship between supporting Bachelet and supporting a policy (e.g. electoral reform, abortion or copper mines ownership) that had a correlate with an increase in the probability of a positive tone on Twitter.

However, our second hypothesis suffered from a different fate. As you can observe, there is some decoupling between the support for a policy and the likelihood of a positive tone. Let’s look at the case of supporters of Enríquez-Ominami. aAlthough they seem keen to support all of the reforms, the tone they use when they tweet is not positive in most cases. We see a similar behaviour in some of the supporters for other candidates as well

We are still in the stage of making sense of these results, and thinking about possible expansions of this research. In the meantime, this is a nice starting point, and provides some insightful information on how to use Twitter data, not to replace, but to complement classical public opinion research.

De qué se trata @EstadoEdita?

El pasado 8 de julio, el comediante británico Tom Scott (famoso por sus iniciativas digitales en torno a sitios gubernamentales) creó una cuenta de Twitter (@parliamentedits) que generaba un tuiteo automático cada vez que alguien editara una entrada de Wikipedia desde un computador en el Parlamento británico. El sistema que ocupó fue simple, pero a le vez algo limitado. Conectó Wikipedia y Twitter usando el servicio IFTTT. Un par de días después, el 11 de julio, un especialista en temas digitales de la Biblioteca del Congreso de EE.UU., Ed Summers, mejoró el diseño, permitiendo incorporar más de una dirección IP y subió el código a GitHub. Con eso, partió @congressedits.

El 12 de julio, ya habían varias cuentas que hacían lo mismo en otros países, como Australia, Irlanda y Francia. La oportunidad estaba ahí, sólo faltaba un poco de trabajo para expandirlo a Chile. En un simple tuit, le presenté la idea a Álvaro Graves (debo admitir que hubo algo de morbo por saber cuánto se demoraba en prender con la idea), quién lleva “sólo” un par de años dedicado a Open Data de gobiernos. Su respuesta fue rápida y nos pusimos en marcha. Con eso en mente, nació @CongresoEdita, que después de conseguir las IPs del gobierno, pasó a ser @EstadoEdita.


La idea es simple: si alguien conectado a internet a través de las direcciones IP del gobierno o el congreso, y decide hacer algún cambio en Wikipedia, eso va a quedar registrado y se genera un tuit automático en @EstadoEdita. El tuit tiene el link al artículo.

Ok, pero ¿para qué?

Buena pregunta. Por ahora, simplemente como un ejercicio de transparencia y control, además de un poco de voyerismo. No hay nada de malo si un funcionario de gobierno decide corregir algunas palabras en italiano del artículo sobre una ópera. Al contrario, es bien interesante poder observar estos comportamientos. Lo que sí es importa es comprender que la tecnología puede ser usada para observar de manera más cercana lo que realizan quienes están en oficinas públicas. Además, hace presente que lo que hacemos online no es secreto ni privado (si no me creen, pregúntenle al NSA).

Tal como lo plantea Summers, espero que este ejercicio sea un punto de partida, una pequeña contribución al trabajo que otros, de forma mucho más sistemática, han hecho por abrir el acceso a la información en Chile.

Si tienen dudas, quejas, comentarios, caritas felices, etc., quedan invitados a ponerlas en los comentarios.

Twitter oblivious to Farage’s media mauling as EU polls open

** UPDATE: Extended methods section at the bottom of the post
This article was originally published on The Conversation. Read the original article.

By Orlanda Ward, University College London and Javier Sajuria, University College London

Nigel Farage, leader of the UK Independence Party, appears to have stolen the show in the run up to the European elections. But while he has been pilloried in the papers, discussion about him on Twitter appears to have been somewhat more favourable.

Since campaigns for the European elections have been largely fronted by party leaders, we’ve investigated the level of mainstream media coverage given to David Cameron, Nick Clegg, Ed Miliband and Nigel Farage over the past six days. We’ve also looked at how much discussion has been going on about the leaders on Twitter over the same period.

We looked at all geo-tagged UK tweets and all national tabloid and broadsheet newspaper coverage of the Conservative, Lib Dem, Labour and UKIP leaders over the period. We analysed the amount of coverage and discussion each party leader received online and offline each day, and the proportion for each that was positive, negative or neutral.

Not a fan of the coalition. 

While there has been plenty of mainstream newspaper coverage of major party leaders in the run-up to EU elections, particularly focusing on Farage, this has not been reflected in online discussions. For a start, political discussion only featured in about 2% of the almost 3m tweets we monitored.

Overall, both online and offline, Cameron and Farage have been the most prominent, trailed by Miliband and Clegg on both platforms.

But Farage in particular has been the subject of very different coverage in the online world and the more traditional press. While the UKIP leader’s media coverage spiked immediately following his now infamous LBC interview, his mentions on Twitter suggest that the online reaction was more of a slow burn, though the tone of the discussion did become slightly more negative. Perhaps the LBC episode failed to inflame passions online becuase it simply seemed to confirm what existing views of Farage – both for and against.

Party leader mentions in newspapers and on Twitter 

What’s more, the intensely negative coverage of Farage in the mainstream media has not been replicated online. If you only read the papers, you’d find that 31% of the comments made about Farage were negative, while between 20-21% of those made about Miliband, Clegg and Cameron could be classed as such.

But the proportion of tweets mentioning Farage that were negative was near identical to Miliband and Clegg at between 22% and 23%. Cameron got an easier ride with just 13% of tweets about him coding as negative.

Tone of mentions of Nigel Farage 

No less than four simultaneous campaigns have been bubbling away in the UK as we carried out this analysis. While the European and local elections have fired the starting gun for the general election, the Scottish independence debate is also in full swing, not to mention the addition of a possible EU referendum.

This has meant that discussion and coverage this week has been fragmented. Miliband has spent the week laying out his policy for the general election amid claims that he’s been missing in action when it comes to European campaigning.

Cameron of course spent two days on a pro-union visit to Scotland, and much of rest of his exposure concentrated on the Chilcot Inquiry and coalition tensions. Clegg, meanwhile, has gained attention for all the wrong reasons: drunken cactus shame; losing his rag with Michael Gove and Andrew Marr; Commons whispers of a Lib Dem deposition and some polls suggesting the party may well fall behind the Greens in Europe.

In contrast, although reporting on Farage was dominated by the fallout from his LBC interview and questions about whether he is or isn’t a racist, it did stay focused on the strength of his party’s electoral prospects and his stance on immigration. What else is there to talk about?

Farage has become the focal point not just for the media, but for the major party leaders this week – that is, when they weren’t focusing on other elections. This short campaign has seen little coherent debate between parties and while their antics of course top the printed press agenda, our data suggests that they are not engaging debate among the wider public.

It also suggests that media lambasting of Farage doesn’t look set to change voters’ minds – at least not those on Twitter.

Methods note

As a response of some of the questions asked about the methods we used to collect and analyse the data, we offer here some basic explanation.

For the Twitter data, we used the streamR package to collect the data from the Twitter streaming API. We focused only on geotagged tweets in the UK, which accounted for an average of 500,000 tweets a day. Some research shows that the streaming API allows us to get most (if not all) of the geotagged tweets in a given period, but we also n=know that no more than 2% of the tweets contain geographical metadata. This is obviously a bias, and we try to be as explicit as possible about the limitations of our data and methods.

The newspaper data was obtained using Nexis and getting all articles that contained the name of one of the UK party leaders. As explained above, the number of mentions for the leader of the Green Party were too low (or nonexistent) and we had to remove her from our sample. After we obtained the articles, we trimmed the sentences where the party leader name was mentioned, and that was our unit of analysis.

In terms of analysis, we made some changes to the methods used by Pablo Barberá on his workshop at SMaPP NYU. Most of the R functions created for this purpose were compiled in a (very beta) R package called euElection. This package allowed us to obtain a very rough estimate of the tone of the tweets and the newspapers sentences, which is what we used in the article. In simple terms, each word from our units of analysis was compared to a vocabulary of positive and negative words (the “lexicon). All other words were considered as neutral. Then, we obtain the proportion of tweets/sentences that has a majority of positive, negative or neutral tone. We only selected tweets and sentences that mentioned, at least, the name of the party leaders.

We are happy to receive any feedback or comments you may have on this and other methods issues.

The Conversation

Terremoto 1A Chile [1A Earthquake in Chile]

*LAST UPDATE: 02 April 2014 16.21 GMT+0400  03 April 2014 01.11 GMT +0400

A las 20.46, se registró un terremoto cerca de la costa de Iquique, Chile, de magnitud 8.2 grados en la escala Richter y un posterior tsunami (más información sobre el sismo puede ser obtenida a través de La Tercera). Desde unos 5 minutos después del terremoto he estado descargando los tweets que contengan alguna de las siguientes palabras: “terremoto”, “iquique”, “arica” o “tsunami”. Durante los próximos días estaré dando un poco más de análisis, pero por ahora es posible plotear los tweets georreferenciados para poder ver desde donde vienen las conversaciones sobre el terremoto. de aproximadamente 200.000 360.000 tweets capturados, no más del 2% cuenta con georreferenciación, por lo que no es posible inferir ningún tipo de representatividad.

He agregado un wordcloud con las palabras más usadas en los tweets. Como era esperable, el tsunami y Chile son los términos más usados. Además, incorporé un gráfico con la proporción de cuántos tweets hay por idioma (y español tiene más del 80%)

At 20.46, a big earthquake strike the north of Chile, near the coast of the city of Iquique. The quake had a magnitude of 8.2 in the Richter Scale and triggered a tsunami alert in the whole of the Chilean coast. Starting from 5 minutes after the earthquake, I have collected all the tweets I can including any of the following keywords: “terremoto”, “iquique”, “arica” and “tsunami”. During the next days (and I’m not very sure what that means, given that I’m travelling to Chicago for MPSA tomorrow), I’ll aim to provide further analysis. For now, here is the plot of the geotagged tweets (which is not more than 2% of the total population of tweets of around 200,000 360,000 of them).

I have added a wordcloud with the text from the tweets. Not surprisingly, “tsunami” and “Chile” are amongst the most widely used. Also, I created a figure that shows the proportion of the different languages of the tweets.

4,270 geotagged tweets captured for 4 hours after the earthquake.
4,270 geotagged tweets captured for 4 hours after the earthquake.
Wordclous with the 1,000 more used words.
Wordclous with the 1,000 more used words.

 

Proportion of the different languages of the twets
Proportion of the different languages of the twets

[Spanish] Predecir elecciones y movilizar votantes: Las “deudas” de las redes sociales con las campañas electorales

This post was originally published in “Redes y Elecciones” a collective tumblr about the Chilean elections, edited by the newspaper La Tercera

Este post fue publicado originalmente en el tumblr sobre las elecciones chilenas “Redes y Elecciones”, editado por el diario La Tercera

Todos los candidatos a la presidencia tienen cuenta oficial en Facebook y Youtube y sólo una no está en Twitter. Aunque todos nos imaginamos los beneficios del uso de las redes sociales en una campaña, ¿qué dicen los estudios?

Una de las razones claves para ocupar estas tecnologías es que permite obtener información detallada y específica sobre los usuarios. La segmentación de los mensajes parece ser la nueva consigna política, muy similar a lo que el retail lleva haciendo por años. Algunos ejemplos son “The Victory Lab” de Sasha Issenberg o el más cercano “Tu Cariño Se Me Va” de Daniel Matamala.

Algunos ejemplos:

Sin embargo, hay dos áreas en las cuáles el uso de estas tecnologías está en deuda: la predicción de resultados electorales y la movilización de votantes.

Predecir resultados

Aunque ha habido una serie de investigaciones que han intentado demostrar la posibilidad de predecir resultados electorales a través de las redes sociales,, no han sido pocas las voces que han salido a criticar este tipo de investigaciones (por ejemplo este post de Joshua Tucker y este otro de Dani Gayo).

Las razones son varias. La primera es obvia y se refiere a que los usuarios de estas herramientas no son una muestra representativa de la población, por lo que no es posible inferir el comportamiento electoral a partir de la información que obtengamos de ellos. Si bien este argumento es convincente, estamos cerca de poder hacer una conexión más clara entre lo que se lee en Twitter y lo que dicen las encuestas.

Otros argumentos para plantear que no se pueden predecir elecciones con estos datos obedecen a que las metodologías usadas son poco claras, lo que poco a poco ha ido mejorando con la inclusión más académicos en el debate.

En definitiva, no se pueden predecir elecciones aún, pero parece ser que es cosa de tiempo para lograrlo.

Movilizar a la gente a votar

Descubrir la posibilidad de las redes sociales de llevar votantes a la urnas tiene mucha relevancia con la inclusión del voto voluntario. El año pasado se publicó un experimento realizado a través de Facebook durante la campaña presidencial norteamericana del 2008. En él se demostró que el uso de “avisos sociales” en Facebook sí sirve para llevar gente a las urnas. Sin embargo, entre 61 millones de participantes del experimento, sólo unos pocos (alrededor de 0,4%) fueron a votar.

Lamentablemente, en Chile es imposible realizar este tipo de investigaciones debido a las restricciones en el acceso a datos de votaciones que impone el Servel.

Los medios sociales tiene muchos potenciales beneficios para la política: permiten que los candidatos interactúen de manera más directa con sus electores, establece un puente a las campañas y les permite obtener información relevante sobre sus audiencias. Sin embargo, las posibilidades de predecir resultados y movilizar votantes siguen siendo áreas que necesitan ser demostradas.